Los primeros años de vida son decisivos para el desarrollo cerebral de un niño. Cada experiencia, vínculo, y estímulo dejan una huella que influirá en cómo pensará, aprenderá, y gestionará sus emociones en el futuro el menor. En un contexto marcado por la sobreestimulación y por el exceso de información, cada vez más expertos reivindican la importancia de recuperar una crianza basada en la cercanía, en la seguridad emocional, y en los límites saludables.
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