A veces olvidamos dónde dejamos las llaves, nos cuesta recordar un nombre o sentimos que la agilidad mental de antes empieza a flaquear. Lo primero que hacemos es culpar al estrés, al cansancio o simplemente al inevitable paso de los años, asumiendo que esos pequeños despistes forman parte del proceso normal de envejecimiento y que no hay de qué preocuparse.
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