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Durante años, los científicos han intentado descifrar qué descontrola a la proteína tau, una de las grandes culpables del Alzheimer. Pero un hallazgo inesperado acaba de cambiar las reglas del juego. Una pequeña enzima, casi desconocida fuera de los laboratorios, parece tener un poder que nadie imaginaba… y podría abrir una puerta que no sabíamos que existía.
