Científicos españoles y portugueses han estudiado a los bebedores de café para saber si el efecto despertador que se achaca a las primeras tazas de la mañana depende de las propiedades de la cafeína o si se trata de la mera experiencia de tomar café, y han descubierto que ésta sólo reproduce parcialmente los efectos de beber una taza de café, activando zonas del cerebro que hacen que uno se sienta más alerta, pero no las zonas del cerebro que afectan a la memoria de trabajo y al comportamiento orientado a objetivos.
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