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Hay gestos que desconciertan. Un niño que parpadea sin parar, un adolescente que carraspea sin motivo aparente, alguien que repite movimientos o palabras fuera de contexto. A ojos de los demás, puede parecer una rareza, una falta de educación o incluso una provocación. Pero muchas veces, esa “extrañeza” tiene un nombre: síndrome de Tourette.
