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Investigadores concluyen en ‘The BMJ’ que los intereses comerciales están copando las narrativas feministas sobre la salud, para comercializar nuevas tecnologías, pruebas y tratamientos, que no están respaldados por evidencia. Tal y como defiende Tessa Copp, de la Universidad de Sydney (Australia), este tipo de comportamiento de marketing corre el riesgo de dañar a las mujeres a través de una medicalización inapropiada, un sobrediagnóstico y un tratamiento excesivo.
