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Al pensar en eventos futuros, el cerebro de los optimistas funciona de manera similar, mientras que el de los pesimistas muestra un grado mucho mayor de individualidad, según hallazgos de la Universidad de Kobe (Japón). Su trabajo, publicado en ‘PNAS’ ofrece una explicación de por qué los optimistas son vistos como más sociables: podrían compartir una visión común del futuro.
