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El estrés es el enemigo número uno de nuestra microbiota. Pensamos que las emociones no nos impactan en nuestra fisiología, pero sí. En el caso concreto del estrés, la hormona del cortisol produce unas «pequeñas bombas» en el intestino, por el que éste pierde su función barrera y se cuelan nutrientes a nuestra sangre que de otra manera no deberían hacerlo.
