Un equipo de investigadores ha encontrado que ciertos fragmentos diminutos de ARN, casi invisibles, actúan como una especie de “huella digital” del cáncer. Lo sorprendente es que esa huella no se queda en el tumor: viaja por la sangre. La idea es simple: si cada cáncer deja un patrón único en la sangre, ¿podría eso servir para detectarlo antes, seguirlo durante el tratamiento y saber si va a volver?
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