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Científicos de la Universidad de California en San Francisco (Estados Unidos) han descubierto un bucle de retroalimentación centrado en una única proteína inmunitaria llamada IL-31 que provoca la necesidad de rascarse y controla la inflamación cercana, lo que constituye un avance que podría transformar la forma en que los médicos tratan afecciones que van desde el eccema hasta las alergias.
