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Las alergias primaverales a elementos como el polen o los ácaros no solo son típicas de la primavera y acaban en junio sino que, con las altas temperaturas «la atmósfera se condensa más» dando lugar a la proliferación de estos alérgenos, según ha explicado la experta en salud pública y epidemiología de la Universidad Europea, Patricia Guillén, en una entrevista con Europa Press.
