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Un nuevo estudio internacional demuestra que retrasar el horario de las comidas se asocia con una mayor dificultad para mantener la pérdida de peso en el largo plazo. El hallazgo es especialmente relevante en personas con predisposición genética a la obesidad, en quienes cada hora de retraso en la ingesta se traduce en un aumento significativo del índice de masa corporal.
