Un registro norteamericano revela que la COVID-19 aumenta un 67% la mortalidad al año tras un infarto grave

La COVID-19 puede empeorar significativamente los resultados cardiovasculares, aumentando el riesgo de complicaciones en pacientes con afecciones cardíacas preexistentes, lo que subraya la necesidad de una mayor vigilancia clínica durante y después de la hospitalización.

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