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Te levantas de la cama y, durante unos segundos, notas que todo te da vueltas, se te nubla la vista, o incluso tienes que volver a sentarte porque sientes que vas a caerte. Es algo que puede ocurrirle a cualquiera, pero durante el verano la deshidratación puede favorecer estos episodios y, en algunas personas, detrás puede existir una hipotensión ortostática, determinados medicamentos, anemia, o incluso problemas cardiovasculares o neurológicos.
