Un parpadeo constante, un carraspeo repetitivo o un movimiento brusco del hombro, por ejemplo, pueden ser tics frecuentes en la población infantil. La Ciencia es clara: tener un tic no equivale a sufrir el síndrome de Tourette. Así, coincidiendo con la conmemoración del Día Mundial de esta condición neurológica fundamentalmente pediátrica explicamos cuáles son sus principales claves.
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