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España, actualmente, comparte la hora oficial con países situados mucho más al este de Europa. De esta manera, anochece y amanece más tarde respecto de lo que debería, en concreto dos horas más tarde con el horario de verano y una con el de invierno. Esa asimetría favorece acostarse tarde, recortar el sueño en días laborables, y acumular jet-lag social.
