El miedo a ser feliz existe: se llama querofobia

Querofobia, el miedo a ser feliz

La búsqueda de la felicidad ha sido una de nuestras metas vitales desde tiempos inmemoriales. Es uno de los valores más deseables en muchas culturas y ha trascendido diferentes épocas. La cultura occidental moderna, en particular, enfatiza la búsqueda de la felicidad personal (entendida como una sensación de satisfacción vital y la preponderancia de emociones positivas sobre las negativas), de manera que sentirse desgraciados prácticamente equivale a un fracaso existencial. Sin embargo, aunque pueda parecer raro, hay personas que no solo no persiguen ese objetivo sino que tienen miedo a ser felices: sufren querofobia.

¿Qué es la querofobia?

La querofobia es un término que proviene de la palabra griega chero (χαιρω), que significa alegrarse o regocijarse, por lo que implica un miedo irracional a ser feliz. De hecho, es un trastorno psicológico que genera un rechazo profundo hacia la diversión, alegría o dicha.

Esta fobia engloba una serie de síntomas y actitudes que hacen que la persona evite, ya sea de manera consciente o inconsciente, aquellas situaciones y experiencias positivas que le pueden proporcionar placer, bienestar o diversión y que los demás se esforzarían por buscar y disfrutar.

Quien sufre este trastorno suele creer que “ser feliz es malo” o que “intentar ser feliz es una pérdida de tiempo y energía”. La recurrencia de esos pensamientos termina generando un rechazo intenso hacia la felicidad.

Las 4 creencias que sustentan el miedo a la felicidad

Tras analizar las diferencias culturales entre las personas que padecen querofobia, el psicólogo Mohsen Joshanloo y el filósofo Dan Weijers identificaron cuatro causas que se encuentran en la base a esa aversión a la felicidad:

  1. Creencia de que la felicidad desencadenará acontecimientos negativos, como si ser feliz generara una especie de contrapartida negativa. De hecho, esta idea se encuentra particularmente asentada en las culturas taoístas en las que se piensa que, como todo debe estar en equilibrio, el exceso de placer y alegría terminará produciendo una profunda tristeza y grandes desgracias.
  2. Pensar que alguien feliz se convertirá en una mala persona, una idea que proviene fundamentalmente de las creencias judeo-cristianas pues en el pasado se entendía que el exceso de ocio y felicidad alejaba a las personas de la fe. El mito transcultural de que las personas más desgraciadas son más creativas, serias o profundas también ha contribuido a difundir esta creencia.
  3. Exhibir la felicidad es malo, sobre todo cuando se encuentra ligada al éxito ya que puede generar envidia o resentimiento en los otros, de manera que a la larga termina fomentando sentimientos negativos e incluso dando pie a comportamientos que pueden obstaculizar a los demás en un intento por arrebatarles lo que han conseguido.
  4. Perseguir la felicidad es malo, tanto para quien la busca como para los que le rodean, sobre todo cuando esta se obtiene a través del placer inmediato y la satisfacción de los impulsos. Esta idea se encuentra muy asentada en culturas budistas y colectivistas en las que la búsqueda activa de la felicidad se considera un acto individualista o incluso egoísta.

En cambio, las sociedades occidentales son más propensas a buscar la felicidad y considerarla como un valor importante, intentando maximizar la alegría y minimizar la tristeza. En contraposición, en las culturas orientales se tiende a priorizar el equilibrio, lo cual puede hacer que algunas personas deseen vivir en un estado de ánimo neutral que las lleve a evitar la felicidad.

En estos casos, el miedo proviene en gran medida de la percepción de la felicidad como un estado extremadamente frágil, inestable y fugaz. Como resultado, la persona tendrá la tendencia a evitar las situaciones que le hagan feliz porque cree que al final le hará más desgraciada.

Las causas psicológicas de la querofobia

Al margen de las creencias de índole cultural y/o religiosa, en la base de la querofobia a menudo se encuentran malas experiencias y traumas relacionados de alguna manera con la felicidad, ya hayan ocurrido en la infancia o durante edad adulta. Es probable que esas personas hayan establecido una conexión entre ser feliz y las situaciones adversas o los estados anímicos negativos que experimentaron, por lo que prefieren evitarlo.

También se ha constatado que el miedo a la felicidad es más común en quienes han desarrollado un estilo de apego ansioso y evitativo, según un estudio realizado en la Universidad Keimyung. En esos casos, la reticencia a la felicidad puede nacer de la inseguridad personal y las dificultades para establecer relaciones maduras y satisfactorias con los demás, lo cual les lleva a estar convencidos de que no pueden ser felices.

No obstante, en sentido general la semilla de la querofobia se planta cuando aparece la sensación de culpa ante el disfrute, cuando escuchas esa voz interior que desaprueba la felicidad porque la equipara a una pérdida de tiempo, considera que no es seria o no es algo de lo que tienes “permitido” disfrutar. De hecho, hay personas que rechazan ser felices porque creen que no se lo merecen.

Sentirse culpables por experimentar placer suele ser una reacción frecuente en personas extremadamente responsables, perfeccionistas y autoexigentes. Creen que el ocio es un lujo, por lo que suelen avergonzarse de disfrutar y se niegan la posibilidad de ser felices.

¿Cómo aprender a disfrutar de la vida?

Las personas con querofobia viven en un estado de tensión constante, supervisando la realidad para no “pasarse de felices”. Su principal objetivo es vivir de manera neutral para evitar una “sobredosis de felicidad” y todo lo malo que esta podría acarrear.

La clave para lidiar con esa fobia comienza por tomar nota del problema. Es importante que concientices que te estás impidiendo ser feliz y que estás poniendo obstáculos a cada paso del camino para limitar tu capacidad de disfrutar de la vida.

También es fundamental que profundices en posibles traumas que hayan podido desencadenar ese miedo o que explores patrones de aprendizaje y creencias disfuncionales que estén alimentando ese temor.

Cuando detectes los pensamientos que te impiden ser feliz, debes colocar en su lugar creencias más objetivas, racionales y adaptativas. Por ejemplo, puedes cambiar la idea “no merezco ser feliz” por “merezco sentirme tan bien como los demás”.

Por supuesto, la búsqueda de la felicidad no puede convertirse en una obsesión, pero tampoco debes negarte la posibilidad de sentirte satisfecho o expresar la alegría. A fin de cuentas, la felicidad aporta muchos más beneficios que la tristeza o la apatía. La clave radica en encontrar un equilibrio adaptativo que promueva el bienestar y proteja tu salud mental, de manera que puedas experimentar todo el diapasón emocional según las circunstancias, sin rehuir nada y sin quedarte atascado en nada.

Referencias Bibliográficas:

Joshanloo, M. (2018) Fear and fragility of happiness as mediators of the relationship between insecure attachment and subjective well-being. Personality and Individual Differences; 115-118.

Joshanloo, M. & Weijers, D. (2014) Aversion to Happiness Across Cultures: A Review of Where and Why People are Averse to Happiness. Journal of Happiness Studies; 15: 717–735.

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