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La victoria de España en el Mundial ha dejado imágenes de abrazos, de lágrimas y de celebraciones multitudinarias dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero, ¿por qué un partido de fútbol es capaz de emocionarnos hasta ese punto? ¿De qué manera afecta a la autoestima de un país y es capaz de reforzarla? La respuesta está en nuestro cerebro.
