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Este estudio de la Universidad de California y el Instituto Médico Howard Hughes revela un circuito cerebral previamente desconocido que impulsa la alimentación hedónica, es decir, comer por placer. Este hallazgo tiene implicaciones importantes para entender cómo los fármacos GLP-1, como la semaglutida, afectan la supresión del apetito y la ingesta de alimentos.
