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Los científicos han calculado el contenido prebiótico de miles de tipos de alimentos utilizando bibliografía preexistente para averiguar qué alimentos ofrecen el mayor contenido prebiótico y han determinado que se trata de las hojas de diente de león, las alcachofas de Jerusalén o tupinambos, el ajo, los puerros y las cebollas. Además de favorecer la microbiota intestinal, los alimentos ricos en prebióticos contienen grandes cantidades de fibra, algo que la mayoría de los estadounidenses no consumen en cantidad suficiente.
