El mito de que «sólo las chicas blancas, delgadas y acomodadas desarrollan trastornos alimentarios» es el culpable de que otras personas que los padecen no sean diagnosticadas ni tratadas, según advierten tres expertas, que destacan la importancia de la intervención precoz para salvar vidas y el importante papel de los padres para ayudar a las chicas a recuperarse.
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