Sara Codina desde que nació sentía que no todo le encajaba en su puzzle vital. Para ella el diagnóstico del autismo a sus 41 años confiesa que ha sido «vital» porque siempre había sido consciente de que algo le pasaba, veía que algo no cuadraba, que a ella le costaban algunas cosas más que a los demás, que no era como los demás y que cargaba con la frustración de no lograrlo, de no encajar al 100% en esta sociedad.
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