Todos tenemos traumas (aunque no lo sepamos) y el cuerpo lleva la cuenta: el peligro de callar lo que duele

   No hace falta vivir un accidente, una violación o una catástrofe para sufrir un trauma. Según las psicólogas Begoña Aznárez y Raquel López Pavón, cualquier experiencia que impacta emocionalmente —y que no puede compartirse — puede transformarse en una herida traumática. “El silencio y la falta de acompañamiento son los verdaderos responsables de que una vivencia dolorosa se convierta en trauma”, coinciden ambas expertas, al mismo tiempo que advierten: el cuerpo siempre lleva la cuenta, aunque la mente lo oculte.

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